Ubicado en Cerro Castillo, Patagonia chilena, en una superficie en donde varía mucho el clima y la condición de aislamiento propia de las regiones o islas que están en las latitudes más meridionales del hemisferio sur. Un proyecto que no compite con la amplitud del entorno, sino que ejecuta un proyecto de arquitectura de interiores preciso, eficiente y darle un espacio que proporciones protección y aislamiento térmico frente a las condiciones climáticas del entorno.

Buscando la manera de esquematizar una arquitectura de bajo efecto, con alta precisión constructiva, idóneo para funcionar en regiones, países o islas ubicadas en las latitudes más meridionales del hemisferio sur, desde la competencia, la materialidad y el cuidado. En donde el valor no radica en la proporción del objeto, sino en la magnitud de su respuesta. Una arquitectura que se resume para volverse más exacta; que, desde esa profundidad centralizada, que admite habitar en la extensión del paisaje.

El diseño fue planteado como una unidad mínima de alojamiento de 50 m², en el cual cada decisión avala la urgencia de aminorar huella, optimizando recursos. Su compacta magnitud no se asimila como prohibición, sino como planificación. La estructura circundante tiene sus instalaciones en un espacio que tiene un tamaño finito y cerrado, que le deja acentuar y controlar con precisión su comportamiento térmico y constructivo.

La estructura está compuesta por una cubierta de madera y zinc que le aplicaron una técnica de unión y sellado mecánico en el cual los bordes se pliegan y entrelazan. La fachada opera con un sistema de protección frente al clima, igual como imagen material del albergue. Las láminas de zinc ayudan a responder a la lluvia, el viento y las variaciones de temperatura del territorio. La madera, establece una condición por dentro cálida y habitable. Estos materiales se relacionan directamente por dentro y por fuera dándole una arquitectura resistente afuera y recogida por dentro.

La solidez del volumen tolera y ordena los usos de manera clara, sorteando flujos innecesarios haciendo que cada metro cuadrado participe activamente en el hábitat. La conexión con el paisaje no se crea por proliferación, sino por enfoque. El albergue no se abre por fuera, pero selecciona vistas, que controla y protege los momentos de permanencia.
Fuente: archdaily.mx
Otra Fuente: laminasyaceros.com


