Una pequeña vivienda de campo de 110 m². Un concepto que nació a partir de que se empezó a buscar un ajuste entre 2 mundos incompatibles con la ciencia y el hábitat por medio de ideas y conceptos que beneficia al acoplamiento emotivo con el medio. Más que un cobijo, la idea era expresar la experiencia y estimular los sentidos: un proceso de transformación y subversión del pensamiento y las formas poéticas para reflejar la realidad de la era moderna y la calma esencial del campo.
El bosquejo crea una interlocución por dentro y por fuera, donde la nitidez, la luz y la vegetación colindante se fusionan en una misma narrativa. La materialidad se transforma en el hilo que guía la propuesta. El acero corte oxidado, con su capa de la oxidación natural creada artificialmente con pinturas y químicos que le dan un aspecto envejecido, antiguo o desgastado con una textura cambiante, le da firmeza y memoria, recordando el paso del tiempo de los materiales que van quedando viejos. Pese a que las baldosas cerámicas que infunden calidez, equilibrio y una sensación orgánica, reinterpretando la naturaleza de forma moderna y funcional.
La iluminación procede como un complemento narrativo y crucial en diversas disciplinas creativas, complementando el paso del día y cambiando el espacio en un contexto de reflexión. En esta vivienda, la tecnología no entra, sino que se incorpora con un proceso natural al habitar cotidiano. Los aparatos inteligentes se guardan en la arquitectura y aparecen cuando son solicitados, obteniendo una interacción sin interrupciones silenciosa y eficiente.
La vivienda que se encuentra entre los árboles es una invitación a retrasar el tiempo. Un espacio que conmemora la perspicacia de lo único, donde lomos medios digitales y lo natural cohabitan en consonancia, planificando un arco de entrada con el pasado y el presente, entre lo que hubo y lo que se anhela que sea la época moderna.
Fuente: revistadeck.com
Otra Fuente: laminasyaceros.com